“MÁS SE APRENDE EN LA NATURALEZA QUE EN LOS LIBROS” Antoni Gaudí

Cómo nos dejó dicho el insigne arquitecto catalán Antoni Gaudí “Más se aprende en la naturaleza que en los libros”, NCYT nos rebela la gran pericia que tienen las termitas para adecuar sus termiteros. En la batalla diaria contra las termitas en nuestras casas y patrimonio, sómos testigos de su gran pericia constructiva y su habilidad para adecuar sus galerías a condiciones óptimas para la colonia. Nunca nos dejan de sorprender y de admirar.

canalcuriós

Curioso canal termítico

Seguidamente acompañamos extracto del artículo en cuestión que pueden encontrar entero  aquí :

En lo que se refiere a los arquitectos de otras especies animales que no sean la humana, la termita común no tiene muchas herramientas a su disposición, solo su cuerpo como máquina, y su saliva y la tierra como materiales de construcción. Como guía de edificación, a falta de planos arquitectónicos, debe contentarse con la información que le dan las variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, y las fluctuaciones de la temperatura a lo largo del ciclo día-noche conforme el Sol se eleva en el horizonte y luego vuelve a descender hacia él. […]

Una investigación reciente, llevada a cabo por Samuel Ocko, Hunter King y L. Mahadevan, de la Universidad Harvard en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos, revela cómo son ventilados exactamente estos “hormigueros” en forma de montículo, y ello podría ofrecer lecciones a los arquitectos humanos.

El estudio ha desvelado que las estructuras actúan de forma parecida a la de un pulmón, inhalando y exhalando aire una vez al día a medida que son calentadas y enfriadas.

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Un “hormiguero” de termitas en forma de montículo. (Foto: John P. Mosesso, USGS)

La teoría clásica era que si tenemos viento soplando por encima de los montículos, ello cambia la presión, y puede provocar la succión del dióxido de carbono (CO2) de su interior… pero eso nunca fue medido de forma directa. Los autores del nuevo estudio midieron la velocidad del viento y su dirección dentro de los montículos y en varias ubicaciones. También midieron la temperatura, las concentraciones de CO2 y otros parámetros. Encontraron que las oscilaciones de temperatura asociadas con el día y la noche pueden usarse para gestionar la ventilación de una manera que se parece bastante al funcionamiento de un pulmón. Así que el montículo “respira” una vez al día, por así decirlo, y eso mantiene el adecuado nivel de renovación del aire dentro de esos “hormigueros” en forma de montículo.

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